Claves para conservar su buena salud
Parte I

A través de la historia, el hombre siempre ha estado buscando la «Fuente de la Juventud», que nadie puede encontrar. Esta búsqueda interminable de la eterna juventud y la buena salud se manifiesta en las actividades del cuidado de la salud. Miles de millones de dólares se gastan anualmente en elíxires, dietas novedosas, centros de «rejuvenecimiento», cirugía plástica, etc. Se invierten innumerables horas y grandes esfuerzos en el afán por verse «joven y saludable». Pero, ¿alcanzamos nuestra meta?

 ¿Qué es lo que llamamos «salud»? Es algo más que la simple ausencia de enfermedad. La salud debe considerarse como un estado en continua evolución, como un proceso que comienza cuando uno nace y termina cuando uno muere. La crisis en el cuidado de la salud, por la que actualmente atraviesa nuestro país, ha causado que mucha gente comience a hacer muchas preguntas muy pertinentes acerca del tipo de atención que reciben y si es preciso modificar el modelo actual de atención de la salud. Una palabra que se escucha en todas las discusiones relacionadas con el cuidado de la salud es : «Conservación».

 El concepto de mantenimiento de la salud no es nuevo en la profesión quiropráctica. A través de más de 90 años del ejercicio de la quiropráctica, los quiroprácticos han estado enseñando la capacidad del cuerpo de adaptarse a su medio ambiente y la necesidad de mantener al sistema nervioso libre de irritación neurológica. La ciencia de la quiropráctica sostiene como principio básico que una inervación anormal a los órganos o tejidos del cuerpo es un factor causante de muchas enfermedades. El procedimiento quiropráctico primordial en el cuidado de la salud es el examinar la columna para determinar si existe alguna desviación en la posición o algún mal funcionamiento de las vértebras espinales. De existir, esas posiciones anormales (subluxaciones) pueden ser factores en la producción de tensiones que influyan al sistema nervioso y alteren su capacidad de adaptación y funcionamiento.

 Desde la infancia se nos ha enseñado que «sino hay síntomas», estamos sanos. La publicidad en los medios de difusión nos ha predispuesto a creer que siempre que aparezca un síntoma que nos incomode, bastará con sólo engullir esta «píldora» o «tragarnos ese líquido» para que todo se arregle. Las drogas y las medicinas son algo tan corriente, que ya no preguntamos si debemos tomarlas o no, sino simplemente cuáles tomaremos y en qué dosis.

 Hoy en día leemos acerca del «mantenimiento la salud» como si fuera un descubrimiento reciente y sensacional. La importancia de mantenerse sano algo que hoy aceptan todos los grupos interesados en suministrar el cuidado de la salud hace muchos años que la Ciencia Quiropráctica lo ofrece, es un reto que estimula a las personas interesadas en una alternativa a gozar de una atención usual, destinada a preservar la salud que una de «tratar los síntomas».

 Unas sencillas preguntas pueden ayudar a determinar el tipo de cuidado de la salud más acorde con las necesidades de cada individuo.

 « ¿Por qué me he enfermado?» « ¿Será porque algún microbio o virus misterioso me atacó?» « ¿Me habré enfermado porque mi cuerpo tiene las defensas bajas y eso me ha hecho susceptible a que caiga enfermo?»

« ¿Cuál será la causa del problema?»

 La mejor respuesta a estas preguntas se encuentra en prestar atención al problema fundamental en vez de encubrir temporalmente los síntomas, lo que a menudo permite que la enfermedad se agrave. Los beneficios de esta forma de conservar la salud son cada día más evidentes. La profesión quiropráctica enseña las ventajas de dedicarse a corregir las causas en vez de tratar sólo los efectos.

 Un enfoque de mantenimiento para conservar nuestra más preciosa posesión, nuestra salud, ciertamente merece considerarse con seriedad. La salud no se puede comprar en una botella, ni sustituirse o almacenarse, pero sí se puede perder con mucha rapidez. Si la salud se pudiera comprar con dinero, no habría ni un solo millonario enfermo.